KINESIOFOBIA

Publicado el: 02 junio 2020 en: Entrenamiento / Kinesiología / Psicología / Reinserción Deportiva por Paula Spoerer

¿A cuántas personas has conocido que luego de una lesión no volvieron a su deporte, pero no porque aún sentían dolor, sino que por miedo? ¿Has sido víctima del recuerdo de una lesión que se mantiene palpitante en tu memoria y que no te deja volver a la cancha como lo hacías antes? ¿Qué recuerdo te trae ver tu cicatriz de la cirugía en el minuto de un campeonato?

Si crees que conoces todos los tipos de fobia, vamos a ver si este te suena: Kinesiofobia, o “miedo a moverse”. Se puede vivir en distintos grados y causas, pero la que nos interesa a los kinesiólogos es aquella desarrollada mentalmente producto de una lesión, y que no  permite al deportista tener una la confianza necesaria para volver a su deporte y entrenar libremente. Lamentablemente es un tema no menor cuando hablamos de rehabilitación, ya que como kinesiólogos podremos haber usado todas las herramientas kinésicas para recuperar el tejido, pero si no hemos sido capaces de trabajar la psicología a través de progresiones, movimientos, ejercicios, conversaciones, educación y criterio, nuestro trabajo va a haber sido en vano. A veces la recuperación física puede ser más rápido que la recuperación psicológica, y si no hay recuperación psicológica el retorno deportivo será fallido.

Hay un estudio (1)  bastante interesante que revela que en promedio el 63% de pacientes operados de Ligamento cruzado anterior volvió  a su deporte luego de un año desde la cirugía…¿qué pasó con el resto? ¿Por qué ese 37%  no quiso continuar con su deporte? Otro estudio tiene resultados aún más pesimistas, ya que señalan que  sólo 64% de los encuestados volvió a su estado prelesional luego de un año de la misma lesión…64%!!! Obviamente nos intriga saber cuáles fueron las causas. En el mismo estudio se encuesta a los deportistas, y se determina que la primera causa es el factor “miedo”. Sobre este punto algunos refieren que: “Es como si yo te pidiera que vuelvas a manejar rápidamente  por una ruta en la que tuviste hace un tiempo un grave accidente”. Otros deportistas refieren que tienen flashbacks del minuto de la lesión, justo en el momento de entrar a la cancha o cuando quieren realizar un giro, del mismo tipo que produjo la lesión. La segunda causa para justificar el abandono de sus deportes, sería el cambio de prioridades (prefieren estar con su familia y amigos antes de entrenar al nivel que lo hacía antes) y como tercera causa aparece  la relación con una personalidad cautelosa, indecisos y con falta de autoconfianza.

Las lesiones causan ansiedad, frustración y hasta depresión. Imagínense, van a competir luego de varios meses de entrenamiento, están en una liga con todos sus amigos o tienen un viaje programado en bicicleta que no se lo pueden perder…y pasa lo que no buscaban. El tiempo perdido, plata, cambios físicos y psicológicos, mayor probabilidad de lesionarse y disminución del rendimiento son las consecuencias de no haber evitado el mecanismo lesivo. Un estudio (2) realiza una intervención bastante interesante, le entrega apoyo social psicológico a todos aquellos deportistas universitarios que sufrieron alguna lesión entre los año 2007 y 2011 (397 alumnos en total), realizado por su Athletic Trainer, que es la mezcla de un kinesiólogo con un entrenador en Estados Unidos. Ellos eran parte de su rehabilitación física, pero al mismo tiempo estaban encargados de trabajar la ansiedad y depresión. Los resultados reflejan que aquellos que estaban satisfechos con su AT percibieron menores índices de depresión y ansiedad, mayor foco y motivación para la recuperación y menos estrés, clave para un retorno con menos riesgos de lesión. Algo interesante de este estudio, es que refiere que también la información (de la lesión, progresión, etc.) que se le entrega al paciente es clave para que lleve de una mejor forma el proceso rehabilitativo.

La función del kinesiólogo es entregar las herramientas necesarias para que el deportista no dude en sus capacidades. La motivación debe comenzar en el minuto de la lesión, junto a un buen acompañamiento y entregando un diagnóstico claro, preciso, realista y optimista, que será de gran ayuda para disminuir la ansiedad y frustración. Debemos entender al deportista, empatizar con su situación y poner en marcha de forma organizada y planificada el programa rehabilitativo, integrando a otros profesionales de la salud ¡que pueden ser de gran ayuda! En muchos casos es necesaria la ayuda complementaria de un psicólogo deportivo, el cual se encargará de trabajar las causas que producen la kinesiofobia y le enseñará al paciente cómo afrontarlas. Otras veces será necesario regular la alimentación, ya que se sabe que una persona con malos hábitos alimenticios puede potenciar un desorden hormonal, y una subsiguiente depresión, ansiedad y/o sensaciones negativas.

La kinesofobia está unida al miedo, el cual involucra estrés. El estrés es una sensación que puede ser muy positiva, ya que nos permite reaccionar de una manera protectora ante una situación compleja, pero por otro lado  puede producir tensión muscular aumentada, distracción, descoordinación del movimiento, incapacidad de tomar buenas decisiones en el juego y aumentar el tiempo de reacción…lo que finalmente puede llevar a otro grave problema: volver a lesionarse! Y comenzaría el odiado ciclo vicioso de lesión-miedo-estrés-relesión.

Los que han vivido una lesión importante, pueden estar de acuerdo con un modelo que existe hace bastante tiempo (Kubler-Ross`s, 1969) y que hace alusión a las etapas que vive un deportista, de la misma forma que lo vive alguien que tuvo alguna pérdida importante en su vida y experimenta una etapa de luto. Así de grave puede ser para ciertos pacientes una lesión…un luto! Este modelo hace referencia a 4 fases de la lesión. La primera fase es la de negación hacia sí mismo y hacia el resto de la lesión, y su gravedad. Muchas veces no quieren asumirla, continúan entrenado y evitan pensar en ella, aunque esté ahí presente tratando de llamar la atención. Luego viene una etapa de enojo, cuando se dan cuenta que ya no pueden seguir renegando del dolor y posterior a eso una etapa de decaimiento, frustración y depresión, cuando se dan cuenta del impacto que trae la lesión en su mundo y día a día. Finalmente, la etapa de aceptación de la lesión, del proceso y planificación de la rehabilitación. Es importante recalcar que no todas las personas reaccionan igual, por lo que también es posible encontrar pacientes positivos, quienes desde el primer minuto asumen la lesión y esperan con paciencia la recuperación. Como ya ven, el desafío del kinesiólogo será, entre otras cosas, estar preparado para comprender y atender variadas personalidades, especialmente de aquellos deportistas que se encuentran en un estado de ansiedad, frustración y/o depresión, ya que son esas las emociones que se relacionan con la kinesiofobia.

Aparte de las restricciones al movimiento producto de emociones como las explicadas anteriormente, existen otras situaciones en las que el paciente no deja de sentir dolor, independiente que se realicen los mejores tratamientos para su problema y los exámenes indiquen que ya no tiene una lesión. Esto se traduce finalmente en que el paciente no volverá a su deporte porque aún “tiene molestias” ¿Cómo es eso? No tiene una lesión…¿y sigue sintiendo dolor? Sí, muchas veces el dolor mantenido por mucho tiempo sumado a emociones negativas, crea un circuito activo del dolor en el sistema nervioso. En palabras simples: Te duele la columna hace mucho tiempo, producto de haber corrido kilómetros sin una buena preparación. Te duele cada vez que trotas más de 5 km. Estás nervioso porque tienes una nueva competencia, estás con mucho trabajo y estrés. Realizas un examen de rigor (radiografía o resonancia) y resulta que ya no tienes la lesión, pero te sigue molestando. Te da miedo volver a trotar, porque crees que puedes volver a lesionarte, sumado a que estás convencido que el dolor viene de la lesión… ¡pero ya no hay lesión! Existen estudios, especialmente en dolores lumbares, que reflejan un cambio a nivel cerebral, el cual muestra zonas activas que antes no lo estaban  y que tienen relación con la percepción del dolor al realizar ciertos movimientos, y que se gatilla cada vez que ejecutas el movimiento problemático. Para estos casos es clave un trabajo psicológico y específico, que permita crear la confianza y capacidades a nivel cognitivo y físico para un cambio a nivel del sistema nervioso. 

Para finalizar, creo que sería bueno recalcar el concepto de servicio personalizado que debe existir en la kinesiología deportiva, en donde la comunicación con el paciente debe sea fluida y completa, y las progresiones, ejercicios y movimientos en relación a la naturaleza del deporte y lesión. También es clave no olvidarse de integrar otras áreas de la salud, especialmente la psicología deportiva. De esta forma podremos entregar al paciente una buena recuperación, preocupándonos no solo de la parte física, sino que también del efecto mental y psicológico que, como hemos visto, una lesión siempre lleva.

Ahora, ¿cómo debemos trabajarlo? Se verá en el próximo capítulo.

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